Educación canina

Algunos consejos sobre como aplicar las mejores técnicas a la hora de educar un can. Educación canina en positivo.

La mayoría de los ejercicios que utilizamos en la educación de nuestros animales se basa en el llamado condicionamiento instrumental. Se trata de un proceso de aprendizaje en el que los animales asocian sus conductas con las consecuencias que ellas tienen (agradables o no). Las consecuencias agradables (los premios), tienden a incrementar la aparición de las conductas inmediatamente anteriores; en cambio, las consecuencias desagradables (los castigos), tienden a disminuirlas.

Los premios

Es un error creer que los únicos premios válidos para los perros son las golosinas. A grandes rasgos, podemos encontrarnos con tres tipos de refuerzos (premios):

  • Consumibles: como la comida o las golosinas. Son quizá los premios más utilizados.
  • De actividad: como por ejemplo los juegos o los paseos.
  • El refuerzo social: principalmente se refiere a nuestra atención (juego sociales, premios verbales, el contacto visual…).

Para un animal, el premio más valioso puede ser la comida, pero para otro, puede serlo una caricia. Es interesante reconocer cuál es el más valioso para nuestro perro. Para que estos premios actúen como tales, debemos ofrecérselos inmediatamente después de la conducta que queremos reforzar. Por ejemplo, si estamos intentando enseñarle que se siente, pero al ofrecerle el premio se levanta y se lo damos, estamos premiando que se levante.

Los castigos

En general, se acepta que existen tres tipos de castigos: el castigo físico, el verbal y el pasivo. El problema del castigo es aplicarlo de forma inadecuada o excesiva: un castigo mal aplicado puede provocar la aparición de miedo y/o conductas agresivas. Es importante, igual que los premios, aplicarlos inmediatamente después de la conducta que queremos eliminar, y hacerlo cada vez que se presente dicha conducta.

  • Castigo físico: no se recomienda la utilización de cualquier tipo de castigo físico. La aplicación de golpes, sujeciones bruscas, zarandeos… está totalmente desaconsejada.
  • Privación de una recompensa: cuando nuestro perro muestre una conducta inapropiada, podemos privarle de nuestra atención, del contacto social, llevándolo a una habitación donde esté sólo. Prolongar este aislamiento más allá de los 30 segundos es totalmente ineficaz. En algunos perros puede ser útil, mientras que en otros puede aumentar la ansiedad y la irritabilidad.
  • Castigo verbal: un tono de voz seco y con firmeza suele utilizarse para el castigo verbal, y consiste en utilizar siempre la misma palabra, como por ejemplo, “NO”.

Actualmente la mayor parte de los programas de educación suelen basarse en el refuerzo positivo (el uso de premios) y la evitación de los castigos.

Errores frecuentes

Premiar involuntariamente conductas inapropiadas: como ya hemos comentado anteriormente, para los perros, los premios suelen ser la comida, el juego, los paseos y nuestra atención. A veces, sin darnos cuenta, acariciamos a nuestros perros justo cuando están haciendo algo inadecuado (o algo que será inadecuado en un futuro). Por ejemplo, llegamos a casa después de trabajar, nuestro cachorro nos saluda efusivamente, saltándonos encima y ladrando; en ese momento, nosotros le acariciamos. A medida que pase el tiempo, esta conducta se volverá más frecuente. Cuando nuestro cachorro sea un perro adulto de 50 kg., estos saludos serán un verdadero problema; o no nos hará tanta ilusión que nos reciba de esa forma cuando llevamos ropa delicada; o cuando nos encontremos por la calle con niños pequeños… Debemos acariciarles cuando no nos suban encima, para que aprendan que recibe el premio al estar sentados.

Castigar a destiempo: castigar a un animal por una conducta que ha sido mostrada un tiempo antes es totalmente inútil. Por ejemplo, nos encontramos orina al llegar a casa. Cogemos al perro por el hocico, le acercamos al charco de orina mientras le castigamos verbalmente. En este caso, el perro no aprende que orinar en casa no está bien si no que relaciona el castigo con nuestra llegada. En muchas ocasiones decimos que nuestro perro sabe que ha hecho algo mal, porque cuando nos oye llegar, se esconde, cuando lo que ocurre en realidad es que relaciona nuestra presencia con un castigo.

Alargar el castigo durante demasiado tiempo: el castigo debe terminarse tan pronto como la conducta que queremos castigar desaparezca. Así mismo, se deben premiar los cambios de actitud.

Utilizar el mismo tono de voz para los castigos y las ordenes: el tono de voz que utilicemos en las órdenes debe motivar al animal. Si utilizamos el mismo tono seco que para el castigo sólo conseguiremos confundir al animal.

Continuamente estamos moldeando el comportamiento de nuestros animales, de forma voluntaria o involuntaria. Los castigos mal aplicados pueden provocar que nuestro perro nos coja miedo y/o reaccione con agresividad en el primer caso. Por otro lado, los premios aplicados de forma inadecuada pueden fomentar conductas inapropiadas como saltar encima de la gente o ladrar para pedir cosas.

Consulten a un especialista siempre que tengan preguntas o duden sobre cómo modificar la conducta de sus mascotas.